lunes, 3 de septiembre de 2012

La huella de un beso

"Porque lo vivido le enseñó que el amor era posible sin casi todo: sin sexo y sin pasión, sin amistad y sin intereses comunes, sin una finalidad concreta y sin sentido, sin dinero y sin respeto; incluso sin futuro. Pero no sin besos, no sin lengua".



Decepcionante, esta es la mejor palabra para definir mi lectura del libro “La huella de un beso”. Una historia previsible, ñoña, sin aportación especial y poco creíble. Un libro que pasará sin pena ni gloria por mi memoria.
La historia se centra en dos personajes: Max y Katrin, sin olvidar por supuesto al braco alemán, Kurt, que cobra especial protagonismo en la novela. En un ambiente navideño y en el trascurso de veinticuatro días, desde el uno de diciembre hasta nochebuena.
Para empezar tenemos a Katrin, que nos la describe el autor como una chica físicamente espectacular, pero sin novio estable, por ello se ve presionada por sus padres, porque estos quieren tener nietos. Para librarse de ellos y pasar el día de su cumpleaños sola, sin presiones, encuentra la excusa perfecta: el anuncio de un chico que necesita que le cuiden el perro, mientras él se va de vacaciones a Las Maldivas. En este momento es cuando aparece el personaje de Max, que a su vez, se nos presenta como una persona con un gran trauma (en mi opinión, un trauma muy absurdo). Y a partir de aquí una historia fácilmente imaginable y previsible. No hay que ser muy inteligente para intuir, desde un primer momento, lo que sucederá. 
Si buscáis un libro ligero, para pasar el rato y no vais con muchas expectativas puede que os entretenga (no busques nada más que no sea entretenimiento fugaz), pero os aseguro que no os perdéis nada si no lo leéis.